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October 24 Crónica vampírica nº8Notas previas:
Recuerdo-resumen del argumento: Mike Donovan y Conan Mc Gregor están buscando ahora a Theodore Schwarzmann, el padre de Victoria Schwarzmann, para lo cual han tenido que recurrir a un extraño personaje llamado Denis Diderot que les ha proporcionado parte de la información que necesitan, ahora irán a por más. Para más detalle, mejor repasarse las crónicas anteriores.
Espero no haberme demorado demasiado en la redacción de esto. Sin embargo esto de la universidad, obviamente consume tiempo, así que esto va más lento que antes, pero ahí estamos, y espero que alguien esté al otro lado para leerse todo esto.
Por último decir que esto es una versión todavía provisional, pero por no dejar esto abandonado dejo aquí para quien quiera leer y ya la corregiré poco a poco (Aunque los comentarios al respecto ayudan a tal efecto :P )
-Consulado de Inglaterra ¿qué desea? -Buenas noches, deseo confirmar mi asistencia a la recepción del ministro de trabajo. -Lamento comunicarle que va a ser imposible tal asistencia, ya que el acto comienza en media hora y los invitados ya están confirmados desde ayer. Debió haber llamado entonces para confirmar su asistencia. -Pues comente a Sir Blake que Niels no podrá acudir a su cita que tanto teníamos pendiente. -¿Niels?¿Niels Bishop? -En efecto -Oh, disculpe, su asistencia ya está confirmada; perdone el malentendido. En seguida le comunico al cónsul su llegada. -No pasa nada. Cuelgo. Aun me sobran veinte minutos. Estoy con el portátil en el coche terminando de pasar las fotos de las matriculas de los coches de cuando fuimos a Bunnyland a Denís Diderot. No creo que nos cobre nada por averiguar de quien son, después de todo, no nos dijo nada sobre Tim Wilheim. Mike casi ha terminado, está poniendo algunas de las armas incautadas en el Grand Cherokee. Despistarán a la policía. Espero que no se haya cepillado al tipo ese porque si no la pasma seguirá buscando. El resto del armamento capturado en la comisaría está la parte de atrás del coche. Está entrando en el coche sonriente. Ya no se le ven apenas las cicatrices de los cristales y los balazos de comisaría. Guardo el portátil y Mike me pregunta: -¿Y a dónde vamos? -Pues según un papelillo de por aquí-señalo un expediente que nuestro amigo Diderot nos ha suministrado- Theodore Schwarzmann debe ser un gran benefactor del consulado inglés. La razón de su amistad con Inglaterra no la sé, pero quizá nos la pueda aclarar el cónsul inglés o su señora. -Ya -Mike vuelve a sonreír-, y nos vamos a pasar por el consulado a preguntar "amablemente" algo de Schwarzmann ¿verdad? -No, no creo que tu "amabilidad" la entiendan bien los diplomáticos ingleses. Así que hice la tarea y he conseguido una identidad con la que me dejarán entrar a una recepción esta noche en el consulado británico. ¿no te has fijado el traje de ahí atrás? -señalo un smoking en una bolsa de plástico de tintorería situado en el asiento trasero del coche. Mike mira atrás y se encoge de hombros: -No, pensé que eran trapos que querrías lavar y esas cosas que haces. Además, ¿desde cuando me ves a mí en un traje de pingüino de esos? Me imagino a Mike con el chaqué y fumando un cigarrillo con boquilla larga. Cierro los ojos del dolor de tal imagen que se me clava dentro de mi retina como un hierro candente. -¡Nunca!-exclamo - Venga, será mejor que nos vayamos. Arranco el coche y avanzo camino al centro, donde están las embajadas. Mike se calma un poco y se ríe de lo mal que me ha hecho pasarlo al intentar imáginarlo como un perfecto caballero diplomático. Intento centrarme un poco en otra cosa, las luces, los volúmenes. Los colores de la urbe nocturna, vacía. Mike a todo esto se ha quedado algo pensativo mirando la bolsa de plástico que contiene el traje límpio y tras un periodo de reflexión pregunta: -Oye, sí sólo tenemos un traje ¿yo cómo coño entro? Miro a Mike. Me extraña que no lo haya entendido a la primera. A veces no sé qué le ocurre últimamente: sigue siendo el mismo Mike de siempre, pero de cuando en cuando me salta con una torpeza mental rara en él, como si no estuviera donde debería estar. Bueno, menos todavía. -Mike, te recuerdo que tú y un consulado británico no sois conceptos compatibles. No vas a entrar. Recurrirías a tu "amabilidad" -Pues entonces, Conan,¿yo que pinto en el parking? -Esperarme como yo te he esperado hace un rato en la comisaría. -Ya, y mientras tú vas besando culos embutidos en esmóquines y vestidos de gala, ¿yo qué hago?¿comerme los mocos?-Mike lo pregunta como si de verdad no supiera la respuesta-. -Pues búscate algo, mientras estés cerca y lleves el móvil por si hay que hacer una salida espectacular puedes hacer lo que creas conveniente. Mike lanza un gruñido, como si fuera un niño al que se le acaba de negar el juguete nuevo, pero además entiende por qué se le niega y le repatea. Estamos ya en el barrio, farolas ornamentadas, calles amplias y muros de piedra de palacetes de los edificios oficiales, museos y alguna casa arrejuntados con los planos de acero y cristal de los nuevos edificios de oficinas que desprecian todo lo que se cae bajo su sombra. -Mike, dejaré por aquí el coche, me cambio, voy a la recepción y calculo yo que en unas dos horas o así estaré de vuelta. -Sí, sí, ya me sé el resto, que esté localizable, que no se junten más de cuatro patrullas cerca del coche, blablablá. ¿Vas a aparcar de una vez o no? -Ah, ya voy, ya voy Aparco en una calleja cercana al consulado, que es el acceso a la parte trasera de dos o tres restaurantes de alta cocina y de un importante hotel. Nada más detener el Citröen Mike sale del coche sin decir una palabra. Sólo se despide dando dos golpes al cristal para avisar de que se va. A lo mejor se le ha ocurrido algo que hacer. Aunque no ha cogido nada del material pesado de la policía. Me pongo el traje de gala. Busco entre los papeles que hay en el suelo de la parte trasera el expediente de Niels Bishop. Que de cosas que tengo aquí. Repaso el expediente que tengo de Niels Bishop. Niels es un empresario de la industria armamentística que alguna vez he investigado. Probablemente ese tipo iría a esa recepción del consulado, pero creo que tiene un crucero por Grecia. Tiene un piso de lujo por aquí cerca. Muy bonito, por cierto, aunque debió de esconder más los papeles importantes. Si es que no se puede dejar por ahi todo junto y sin una llave toda la documentación importante. Eso hace que sea demasiado fácil hacerse con un pase de nivel tres de cinco fábricas, pases vip para quince clubes exclusivos, aunque algo desfasados, y un carnet de amistad con la Commonwealth. El consulado es un edificio que parece de molde para embajadas y consulados importantes. Con sus decoraciones, su opulencia, sus cámaras de seguridad y su muro de tres metros y medio. Un tipo muy amable me recibe en la puerta. Me pregunta por la invitación, enseño la perfecta falsificación y tras consultar una lista me deja pasar, avisando antes a seguridad por el pinganillo del que está provisto. Atravieso con hierática serenidad un breve jardín cuidado al detalle tras lo cual empiezo a difundirme entre la aglomeración de trajes y vestidos de corte discreto pero elegante. La sala es muy amplia, parece un salón de baile, aunque tiene escaleras a ambos lados que ascienden al resto de plantas. Busco una copa de champán que un atento camarero me trae. Bebida en mano y aspirando las veintiocho fragancias caras que flotan de los distintos cuellos un señor alto, huesudo y carcomido por la edad llama la atención de los presentes. Va a dar una introducción al invitado. Yo mientras he de buscar a la musa del cónsul. Escaneo las caras de los presentes. Debe estar en alguno de los grupitos que se han formado antes de que el señor alto empezase a alabar a su invitado. Ahí está. Tal como me la imaginaba. Delgada, pelo oscuro, movimientos suaves pero decididos. Roxanne Wake. Podría ser de las que nunca ven el amanecer, pero no recuerdo haberla visto en el teatro. De serlo hay que reconocer que se camufla bien. Me acerco a su vestido azul. Ahora está hablando el señor ministro alabando al cónsul por acogerlo. Estoy a su lado. Sé que sabe que me estoy acercando, aunque hace como si siguiera escuchando. Le susurro al oído: -¿Sabe dónde está Theodore Schwarzmann? -¿Quien desea saberlo?-responde sin dejar de prestar atención. -Alguien de arriba. Roxanne ríe levemente, sin interrumpir las palabras que se oyen de fondo, insinuando que ella conoce hasta a San Pedro. No puedo andarme con chiquitas. La miro fijamente a los ojos e insisto. -¿Sabe dónde está Theodore Schwarmann? La mujer de vestido azul ha palidecido, como si intuyera que esto iba a pasar inevitablemente. Tras lo que me dice: -Luego hablamos, en media hora ahí fuera; espéreme. -Allí estaré Antes de que empiecen los aplausos y se puedan ingerir los aperitivos yo prefiero esfumarme. Salgo fuera y el portero me pregunta: -¿Para qué sale? -Para fumar, dentro no se puede ¿no? Saco un cigarrillo y lo enciendo. Media hora. Y Mike estará danzando por ahi. Habrá que esperar. October 10 Amaneceres Nunca había visto el sol como hoy. Era el primer amanecer en el que veía realmente salir el sol. Anteriormente nunca podía ver la aurora: o estaba trabajando, o embutida en un atasco o durmiendo. Y el poco tiempo que estaba en la calle, el amanecer se lo quitaban las grandes figuras de hormigón y metal que atacan el horizonte. Ha sido una noche dura. Pero ya quedó todo eso atrás, visible desde el retrovisor. Adelante sólo queda camino. Camino a ninguna parte, pero será en coche, por lo menos hasta que se agote la gasolina. De momento estaban sólo ella, el páramo y el sol naciente. Atrás quedó todo. Atrás quedó el trabajo y el metro, los estudios y el cemento, la incomodidad de la ropa de empresa y la amabilidad falsificada. Nunca nadie notaría su presencia, se volvería invisible para todo el mundo.Tras todos estos años, Lucy era libre.
Brian Mackintosh fue encontrado seis amaneceres después justo al llegar la policía al lugar donde lo buscaba. Se le acusaba de haber asaltado la comisaría, herido a tres agentes, robado armas y huir sin apenas dejar pistas. Estaba de rodillas debajo de una autopista elevada, junto a su vehículo. Tan pronto un agente salió de su coche para detenerlo Mackintosh se suicidó disparándose en la boca con un subfusil. Un subfusil robado en la comisaría donde días antes denunció la desaparición de su mujer. October 04 Allá donde se cruzan los caminos.... Siempre se ha criticado, o al menos siempre me ha venido el tufillo, de que las grandes ciudades hay un gran punto de impersonalidad, opresión gris, y cosas de ese estilo. Como dijo Lorca de Nueva York, que consistía en dos palabras "geometría y angustia". Pero estando en Madrid, un mes por lo menos, veo que las columnas de cieno, que la opresión, no es tanta como puede parecer, por lo menos en esta gran urbe. Aquí he conocido, he trabado (o estoy en ello) amistades con gente anónima más al menos que lo habría hecho en mi tierra natal. Bien es cierto que mucha gente llega a parece alejada y cerrada, por lo menos a hablar con el que se ha sentado al lado en el autobús, pero también hay gente que se abre a conocerse y está en muchos sitios. Eso por lo menos, es de agradecer y hace que este sitio sea un poco menos gris, las cosas sean un poco más llevaderas y la vida en general un poco más armoniosa.
En cuanto al blog, creo que las crónicas van a tardar bastante con esto de ir de ordenador en ordenador, no tener sitio fijo y tal. Escribiré más cosas de opinión, salvo cuando vuelva a Burgos, los fines de semana (o algunos). Sin embargo a Deviantart subiré bastantes cosas, estad atentos. http://valerian32.deviantart.com October 01 Poniendo basesLo único que al final nos quedará
son las pequeñas huellas que dejamos detrás
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